Lo innecesario del uso del lenguaje sexista.

Hace poco surgió el debate sobre utilizar en áreas institucionales el lenguaje feminista que separa "ellas y ellos" frente a cada oración que pueda admitir la discriminación de género. Muchos son los argumentos que apoyan una visión y la otra, está claro que cada uno es libre de utilizar el lenguaje que desee cuando se exprese de manera individual, sin embargo el lenguaje que representa un grupo de personas, una comunidad en pleno y una trayectoria académica, como el lenguaje institucional universitario, debe estar sustentado en sus propios principios. En ningún reglamento universitario, ni si quiera en la ley orgánica de universidades aparece reflejado esta división sexual.

La sociolinguística, plantea las modificaciones del lenguaje, pero estos cambios deben ser reconocidos académicamente y no podrían ser el resultado de la imposición de una minoría. Tomando las palabras de Planas (2012), "La Real Academia Española regula y define el buen uso del  idioma, lo reglamenta y lo nutre... . Los educadores somos garantes del buen uso del idioma, no hacerlo es contribuir a la deformación de nuestro principal elemento comunicacional. En tal sentido, el idioma está mal empleado por funcionarios públicos y voceros ideologizados, incluso en la Constitución de la República Bolivariana de Venezuela"... "Niñas y niños, ciudadanas y ciudadanos, usuarias y usuarios, todas y todos, médicos y médicas" son frases innecesarias que tienden a separar por sexo al grupo a quien se dirige, quienes contrario a considerarlos como un todo uniforme, les observa como un grupo separado en partes, esto realmente es una forma de discriminar, dividir en fragmentos lo que conforma el grupo social.

Desde el punto de vista bíblico, parafraseando lo que dice Génesis 1:26. Cuando Dios dice: "hagamos al Hombre a nuestra imagen y semejanza para que señoree sobre toda la tierra". Se puede observar que desde el inicio de la creación Dios dijo: "hombre" refiriéndose al sexo tanto femenino como masculino. Más adelante dice: varón y hembra los creó. Pero a ambos los llama hombres, como un todo único.

En muchos casos, esta hipercorrección sexista se vuelve extenuante, tanto, que ni los más férreos defensores logran recordar todas las veces que deben detenerse a dividir por sexos la oración, en otros casos se peca de exceso. A pesar de estos esfuerzos, aquellas palabras no dejan de ser sino algo superficial, una persona (hombre por ejemplo), podría utilizar este lenguaje y no respetar la inclusión femenina; otra persona podría no utilizarlo y estar entre los mayores luchadores de la desaparición de los límites sexuales para una sociedad inclusiva. En todo caso este uso o desuso no demuestra sus acciones y sentir verdadero, y no resuelve ningún problema de trasfondo.
Consideremos por ejemplo un grupo de diez mujeres y un hombre o bien de diez hombres y una mujer, donde al referirse al grupo como "ellas y ellos", inmediatamente los divide en dos partes, donde una se siente irremediablemente aislada, sea mujer o sea hombre. Por otro lado, al referirse al grupo como "ellos", apunta a un todo, único, indistintamente de su género o  tendencia, que no se divide por razones sexuales sino que, se engrana como un todo. Así sería el ejemplo de un semestre o sección (supongamos de enfermería o bien medicina), donde predomine en número algún género, dividirlos al hablar es un continuo recordatorio de estas diferencias, en un lenguaje que más que integrar, excluye. Pensamos por ejemplo en una familia donde cada miembro es único e irreemplazable, si nos referimos a este núcleo como "ellas y ellos", creamos una división donde dejan de ser una única unidad y pasan a ser dos grupos, sin embargo, en una familia, con todo el amplio sentido, cada uno identifica y siente las diferencias individuales, provengan estas o no del género, pero también cada uno siente al resto de los miembros como parte de su mismo grupo, uno único, inseparable, su familia.

Para entender esta unión en el habla, consideremos ahora un equipo social de doce esposos, doce mujeres y doce hombres casados (formalmente o no), donde al referirse a una pareja se utiliza "ellos" como un todo único, y no "ella y él" como dos partes. La palabra "ellos" y su representación en amor, unidad, fidelidad, solidaridad , termina siendo más inclusiva, poderosa y unificadora que hablarles por separado. Esta analogía es la extrapolación de un grupo social más grande donde "ellos" también representan un todo único y armónico.

Podemos también repasar estos puntos de vista desde la exclusión, integración e inclusión. En la primera (exclusión), no hay espacio para el reconocimiento de alguna parte, este ha sido el argumento de la solicitud feminista de la separación en el habla; el siguiente nivel es la integración, donde se reconoce el espacio que puede ocupar alguna parte, de manera que esté presente; así "ellas y ellos" es una manera de respetar el espacio que ambos ocupan. El nivel mayor e ideal es la inclusión, donde los individuos, más que ocupar un espacio determinado, logran mezclarse con el todo y sus límites se borran en la unidad de su interacción con cada uno de los otros individuos, es este "todo perfecto", imperfecto pero real, en continuo cambio y mejoras, donde se pierden las divisiones del género, donde nadie queda excluído y donde "ellos" pasa a ser una palabra representativa de la verdadera unión.
La palabra "todos", nos incluye tanto a mujeres como a hombres en un mismo equipo, como humanos que somos, con los mismos derechos, las mismas oportunidades y los mismos sueños. 

Guillermo Bervins & col.
06-11-15