En agosto de 1973, en la capital de Suecia, un robo a un banco se convirtió en un secuestro de seis días. Al finalizar el evento se observó algo muy particular: se había establecido un vínculo afectivo entre los secuestradores y sus víctimas. Desde entonces, a esa extraña conexión se le denomina "Síndrome de Estocolmo".
Se han documentado y estudiado numerosos casos; siendo el más famoso el secuestro de Patricia Hearst por parte del SLA, en febrero de 1974. Patty se convertiría luego en integrante del grupo terrorista.
En el caso de Leopoldo López, preso político de la infamia que hoy gobierna Venezuela, el riesgo de que se establezca algún vínculo entre él y sus carceleros es prácticamente nulo.
Por una parte, es muy difícil que el futuro presidente se contagie del odio visceral y el revanchismo que domina el accionar del régimen y sus adláteres; dado el carácter que muestra a diario Leopoldo.
Por otra parte, el enraizado resentimiento y el concebir a medio país como un enemigo a muerte, imposibilitan que Maduro y su comparsa se alimenten del inmenso amor a Venezuela que vive en el corazón de López, y que hace que con orgullo entregue su libertad buscando la de su Patria.
La cobardía no se contagia, y el temple tampoco.
En consecuencia, Síndrome de Ramo Verde... ¡no hay!
Rómulo Bervins.
Sept/2015.
Sept/2015.