ALGO HUELE MAL EN LA FRONTERA.

Por curiosidad, preocupación y humanismo, desde que comenzó el cierre de la frontera y las humillantes deportaciones, he estado pensando sobre una posible justificación para estas medidas.
Está muy claro que, desde hace ya un buen tiempo, el verdadero interés del régimen no es el bienestar del país y mucho menos el de sus ciudadanos.

Su único objetivo es prolongar al máximo su permanencia al frente del estado, para atiborrar sus cuentas en Andorra y saciar su hambre de poder; cosas que aumentan día a día, exponencialmente.

En consecuencia, para mí, las acciones gubernamentales fronterizas no buscan resolver el desabastecimiento o la inseguridad. De hecho, esos gravísimos problemas permanecen, y su único cambio ha sido para empeorar.

Por otra parte, desde el punto de vista electoral, el efecto ha sido totalmente negativo para el régimen. Las únicas personas que defienden estas inhumanas medidas son los rojos rojitos carcomidos por el fanatismo; quienes constituyen ese 20% que votará por el gobierno, pase lo que pase.

Queda entonces, dentro de las alternativas que se han mencionado, solo una: la lucha entre carteles por el control del contrabando y el narcotráfico.

Es decir, pareciera que se trata de un efecto colateral en una guerra entre bandas delincuenciales del más bajo nivel humano y el más alto nivel político.

Y es esa precisamente la conclusión a la que llega, por descarte, este humilde profesor de lógica.

Pero es solo eso, lógica.

Rómulo Bervins.
Agosto/2015.